No recuerdo absolutamente nada del choque.
Fue la cuarta etapa del Rally de Tunisia, en Mayo del 2011. Fui el primer piloto que salió esa mañana, tratando de encontrar mi camino a través del desierto.
Cuando encontré el curso de navegación, me acuerdo haber pensado "Ya. Estamos bien. Aceleremos a fondo hasta la línea de meta". Después de eso, nada...

3 minutos
El corredor chileno Francisco López
Francisco ‘Chaleco’ López es un héroe nacional en Chile y uno de los punteros en el Rally Dakar.
El siguiente recuerdo que tengo es en el helicóptero. Habían un par de pilotos conmigo, de los que puedo recordar estaban Jordi Viladoms y Helder Rodrigues, personajes con los que había estado compitiendo por el lugar en la clasificatoria general. Ellos me mantuvieron tranquilo y explicándome lo que estaba pasando.
La morfina me mantenía yendo y viniendo en un estado semi- consciente
Estaba con un montón de morfina. Los pilotos que estaban conmigo le decían a los doctores que no me dieran más, que me dejaran hablar y así poder decirles dónde me dolía y las lesiones que creía que podía tener. La morfina me mantenía yendo y viniendo en un estado semi-consciente, entonces los chicos discutían con los doctores por eso.
Esa noche me operaron una fractura que tenía en la pierna, y me pusieron incluso más morfina. Esa noche pararon la transfusión de morfina, y a la mañana siguiente me transfirieron a un hospital en Italia.ly.
Estaba rodeado de gente que se estaba muriendo
Ahí fue cuando la realidad en la cantidad de lesiones y la gravedad de la situación me golpeó. Hicieron una revisión médica completa y establecieron una lista de daños: fractura de tibia, fíbula, escápula, cinco costillas, la vértebra cervical, mano, dedos, tobillo, pie, un pulmón perforado y una contusión cerebral. También tenía el esternón dañado. Era serio.
Sentía dolor en todos lados. Emocionalmente fue muy difícil también, porque estaba solo. Me sentí muy solo, en un hospital en Italia, lejos de casa y en una situación muy complicada. Los primeros días fueron muy intensos y muy difíciles, no solo por mi condición, sino porque también estaba rodeado de gente que se estaba muriendo. Estaba en un ala del hospital para pacientes críticos. Era una pesadilla.
Tenía un edema pulmonar y sangre en los pulmones, por lo que tenían que esperar a que me estabilizara. Cuando me drenaron el pulmón, me movieron a otra parte de la UCI, que era mucho menos estresante. Por los primeros días ni siquiera sabía qué hora era. No tenía idea lo que estaba pasando. Me pasaba el tiempo peleando contra el dolor y tratando de lidiar con la situación en la que me encontraba.
Tuve que ser muy fuerte mentalmente, y enfocar mis pensamientos en que iba a salir de ahí y me iba a recuperar. No estaba en una situación de vida o muerte. Rápidamente puse el foco en salir de ahí, tener mis operaciones, mejorar mientras el dolor se iba aliviando, y volver a Chile lo antes posible para ver a mi doctor y tener un diagnóstico allá. Para serte honesto, ni siquiera estaba pensando en volver a correr. Sino que mejorarme y superar este shock inmenso en el que estaba inmerso. Sólo quería descansar y recuperarme.
Sentí que de verdad estaba al límite de lo que podía manejar tanto mental como emocionalmente
Cuando llegué a Santiago, conversé con el doctor. El objetivo de las operaciones era resolver las múltiples fracturas que tenía y añadir algunas placas para enderezar los huesos. Pero cuando vieron mi esternón, se dieron cuenta de que algo no andaba bien con mi corazón - específicamente en la arteria principal: la aorta. El doctor me explicó que tendrían que revisarla en la cirugía, y ver la opción de operarla e insertar un dispositivo especial de ser necesario.
Cuando me contaron esto, fue un shock gigante. Estaba asustado. Lo único en lo que pensaba era en qué pasaba si salía algo mal con mi aorta en la cirugía, ahí podía acabarse todo. Era todo muy serio, mucho más que un par de huesos rotos o el pulmón. Este era un momento de pánico real. Sentí que de verdad estaba al límite de lo que podía manejar tanto mental como emocionalmente.
Esa tarde le dije al doctor "Si me tienes que operar la aorta, hazlo, arréglala, pero no voy a tocar una moto nunca más". Le dije eso, directamente. Lo conocía bien, como a un amigo, así que sabía que podía ser honesto con él.
Estaba en silla de ruedas debido a todos los huesos rotos, no podía ni ir al baño por mi cuenta
Cuando desperté de la operación al día siguiente, el doctor me comentó que no habían tenido que tocar la aorta, que estaba todo bien. "Quizás es algo congénito", me dijo, "pero definitivamente no tiene nada que ver con este accidente". El alivio fue inmenso, y fue ahí cuando supe que iba a poder manejar una moto de nuevo.
Después de esa operación me fui a casa. Estaba en silla de ruedas gracias a todas las fracturas que tenía, y no podía ir ni al baño solo. Mi mamá me tenía que ayudar a hacer todo. El kinesiólogo venía todos los días a mi casa, y además contaba con un sicólogo deportivo que me ayudó en todo el proceso.
Trabajaba cada mañana en recuperación muscular, porque la había perdido toda en las semanas anteriores. Me convertí en una máquina.
Gracias al sicólogo, trabajé en redescubrir qué era lo que realmente me motivaba y cuál era mi pasión. Trabajamos en reencontrarle el sentido a pilotear de nuevo, de disfrutar manejar en el desierto por miles y miles de kilómetros sin ningún tipo de presión. Partimos desde lo más básico y re establecimos la simpleza de amar manejar una moto.
Un día, dos de los chicos de Red Bull Chile vinieron a verme, y me trajeron un regalo. Era un iPad con mi nombre grabado en él, con un montón de fotos mías en distintas carreras, como el Dakar. Fue un gesto muy emocionante, pero lo más impactante estaba por venir. Estaba viendo las fotos, y la última era mi nuevo contrato.
Estaba completamente sorprendido. Fue un gesto increíble. Les comenté que no sabía si volvería a competir. "¡Mírenme como estoy!" Les dije. No sabía lo que me deparaba el futuro en ese momento de mi vida. Ellos me reafirmaron, me dijeron que no me preocupara, que estaban comprometidos en ayudarme en el proceso de recuperación, y que la decisión era mía sobre lo que quería hacer en el futuro. Fuera lo que fuera, querían seguir apoyándome.
Ese fue un rayo de luz gigante, y me dio esperanzas de verdad. Esa noche decidí que lo iba a dar todo para subirme a una moto y correr de nuevo. A la mañana siguiente le dije a mi mamá que desde ese momento, iba a ir a la clínica solo y nadie más podía venir a verme a casa. Mi recuperación de verdad partía ahí mismo.
Ese fue el primer día que salí de mi casa. Manejé un auto automático hasta la clínica que estaba solo a 2 kilómetros de mi casa, bien despacio. Los llamé desde el auto cuando llegué y ellos me ayudaron a salir del auto y sentarme en la silla de ruedas, y fue ahí cuando sentí que mi recuperación se movió hacia la siguiente fase. Todavía me dolía todo terriblemente, pero lo hacíamos todo: ejercicios en el agua, bici, pesas, todo.
Nuestra familia recibió noticias devastadoras
Mi familia fue clave en todo este viaje. No podría haber hecho nada sin ellos. Ellos me dieron la motivación y me inspiraron de una manera en la que ninguno de nosotros hubiera anticipado...
Justo cuando estaba empezando a caminar con muletas, nuestra familia recibió noticias devastadoras. Mi sobrino Lucas - que tenía ocho años en ese momento - fue diagnosticado con cáncer. Fue una carga emocional para mi familia y para mí. Me golpeó incluso más fuerte que mi accidente. Mi cuerpo recién se estaba empezando a recuperar, pero esto me drenó mentalmente.
Pensé mucho en la situación y no tuve otra opción que usarlo como motivación. Le dije a mi sobrino: "Tú le ganas a este cáncer y yo voy a trabajar más que nunca, cada día, para estar listo para el 2012, igual que tú."
Me enfoqué en darlo absolutamente todo en el Dakar del 2012
Lo desafié, y él me motivó. Cuando le tocó someterse a quimioterapia y perdió su pelo, estaba luchando por su vida. Lo desafié a que iba a vencer el cáncer y que yo iba ganar el Dakar.
Yo sabía que era eel ídolo de mi sobrino, y sabía que si decidía retirarme de las carreras después de mi accidente, íbamos a perder un montón de cosas en común. Sabía que si perdía mi pasión y emoción de ser piloto, lo iba a afectar muchísimo. No iba a dar mi brazo torcer. Lo di todo. Me enfoqué en darlo absolutamente todo en el Dakar del 2012, y no me quedaba mucho tiempo antes de la carrera.
Iba corriendo solo, llorando y gritando arriba de la moto
Logré llegar a la línea de carrera del 2012 del Dakar en Argentina. Y gané la primera etapa. La emoción fue indescriptible.
Cuando terminé la etapa, gritaba arriba de la moto. No puedo explicarlo, pero hubo una especie de conexión con Lucas, mi sobrino. Fue una etapa de 800 kms y en los 100 kms finales iba corriendo solo, llorando y gritando arriba de la moto. "Vamos a ganar esto, vamos a hacerlo, Lucas le va a ganar al cáncer." Era un río de emociones.
Al momento en que la carrera llegó a Chile, iba cuarto en la clasificación general, pero mi cuerpo estaba tan adolorido que tuve que retirarme de la carrera en la novena etapa. Sin embargo, había hecho suficiente para motivarme y demostrar que podía correr el Dakar de nuevo y mostrarle a mi sobrino que íbamos a pelear juntos. Este obstáculo de la vida estaba lejos de acabarse.
Me esforcé tanto durante el 2012. Fui a Europa mientras Lucas seguía batallando el cáncer, y el Dakar del 2013 llegué tercero. Cuando se acabó la carrera, en Santiago, Lucas estaba esperándome en el podio. Le había ganado al cáncer.
Lo di todo para ganar ese Dakar. Gané cuatro etapas, y estaba tan motivado para ganarlo completo. Estaba muy fuerte. Si el 2012 fue mi regreso, el 2013 fue mi año para ganarlo. Estaba en lo mejor de mi estado físico, mental, tenía mis conocimientos de navegación. Estaba en el mejor estado de mi vida.
Al final, no pude terminarlo ni ganar la general porque tuve un problema técnico justo al final de la carrera, pero logré quedar en el podio en Santiago.
Aprendí que mi vida no era solo andar en moto
Para terminar, conocí a mi futura esposa el mismo fin de semana que el Dakar terminaba en Chile. Me di cuenta que la vida me estaba premiando en otras maneras. Estaba ganando en la vida. El podio, conocer a mi esposa, Lucas. Se completó un viaje emocional de casi dos años.
Ese Dakar 2013 fue tanto más que una carrera para mí, con todo lo que terminó pasando. Me mostró que habían cosas que eran más grandes y más importantes que el deporte.
Aprendí tanto en toda esta montaña rusa. Aprendí que mi vida no era solo andar en moto, sino que habían un montón de otras cosas que tenía que superar. Mi recuperación, que sobreviví, y esta persona al lado mío que luchaba contra una enfermedad que amenazaba su vida.
Lucas ahora tiene 17, y es una estrella. Es un estudiante excelente, anda en motocross, es perfecto. Mi esposa y yo ahora tenemos dos hijos, estamos enamorados y felices. Estoy tan agradecido. Podría haber muerto en Tunisia, Lucas podría haber perdido su lucha contra el cáncer, y no estaríamos aquí contándote mi historia...
Después del Dakar del 2014, decidí dejar esa carrera atrás. Me había casado, habíamos tenido un hijo, y quería vivir la vida desde un punto de vista distinto. La vida estaba cambiando y moviéndose rápidamente. Empecé a correr en autos, en un campeonato en Chile. Más tarde, salió la oportunidad de correr en UTV's y pensé: "¿Por qué no? Vamos a ver qué tal..."
En 2019, decidí volver al Dakar, a correr en UTV. Cuando llegué, tuve un vértigo emocional después de 5 años. Me encontré con muchos amigos con los que había construido amistades muy importantes durante esos años compitiendo en el evento.
Cuando logré llegar a la línea de la meta en la última etapa en Lima, Perú, y supe que había ganado la general, fue un momento muy especial. Mi mujer y mi hijo me estaban esperando, y estábamos esperando a nuestra hija que llegaría dos semanas después ¡Imagina las emociones! Ha sido un tremendo viaje.